julio 19, 2011

162. Yolandamanía

Por Daniel Garro Sánchez

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El pasado 8 de julio, se concretaron los esfuerzos del joven escritor y bloguero Juan Pablo Morales Trigueros, para restaurar y homenajear la tumba de Yolanda Oreamuno, después de medio siglo de un lamentable abandono y de no tener ni siquiera una placa.

El hermoso acto, como una muestra del magnetismo de la grandiosa escritora costarricense, reunió en una sola multitud a personajes de la literatura nacional tan disímiles como los veteranos Alfonso Chase, Jacques Sagot y Emilia Macaya, y otros de más reciente aparición, como Laura Casasa, Evelyn Ugalde, Warren Ulloa, el mismo Juan Pablo Morales, Juan Murillo, y este servidor, solo por mencionar algunos. También hubo entre la concurrencia periodistas, representantes de casas editoriales y un ejército de cámaras de toda especie. Durante un instante, me pregunté con ingenuidad por qué no había representantes del gobierno, o al menos del Ministerio de Cultura; pero entonces recordé que ni siquiera al Ministerio de Cultura le interesan estas cosas; muchos menos al resto del gobierno. Creo que el “representante oficial” del Ministerio fue un chico que tomaba apuntes en una libreta…

Bajo un enorme toldo que nos protegió de un sol más que radiante, escuchamos las palabras de Juan Pablo, de Alfonso Chase, Jacques Sagot, la nieta de Yolanda, Ana Barahona, y el hijo de la insigne escritora, Sergio Barahona Oreamuno. Después se procedió a la bendición de la tumba por parte de un sacerdote —detalle con el que algunos no estuvimos de acuerdo, pero ni modo; se trataba de un deseo de la familia que había que respetar—, y finalmente la develación de la placa y de la tumba hermosamente restaurada y que casi de inmediato estuvo cubierta de flores.

La inscripción de la placa es la siguiente:

“Tal vez sólo a la muerte se llega demasiado temprano”

Vela Urbana

YOLANDA OREAMUNO

1916-1956

Lo que empezó como la iniciativa de un solo chico amante de la literatura, se convirtió después en un movimiento de redes sociales, en una “Yolandamanía” de fotos de la bella escritora en los perfiles de los cada vez más numerosos seguidores de la iniciativa; y finalmente, gracias a la ayuda de los familiares y muchas otras personas, el pequeño proyecto personal de Juan Pablo Morales se convirtió en una realidad de importancia auténticamente nacional, sin importar la indiferencia del gobierno, o de la gran población costarricense que no conocimos o no nos dejaron conocer nada más allá de los cuentos de la Tía Panchita (y muchos ni siquiera eso); un desconocimiento atroz que persiste todavía a pesar de que la atormentada madre de La ruta de su evasión es posiblemente la mejor escritora en la historia de las letras nacionales y uno de los pocos, poquísimos, personajes de la literatura costarricense que sí ha influido en el resto del continente, y que sí luchó por salir del costumbrismo aletargado y sobrevalorado de este pequeño pueblo de calufas y carmencitas que es Costa Rica.

El tiempo de Yolanda está todavía por llegar, y la restauración de su tumba es apenas el primer paso de la Yolandamanía.

Falta mucho más por hacer…

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