septiembre 27, 2011

172. Déjame entrar

Daniel Garro Sánchez

Para los que estén hartos de los vampiros adolescentes enamorados y crepusculares, para los que quieran probar buena literatura de terror y buena literatura europea, y para los gravemente desinformados que no creen todavía que exista literatura fantástica de buena calidad, les hago la siguiente recomendación: la magnífica novela Déjame entrar (2004), del sueco John Ajvide Lindqvist.

Su título original es Låt den rätte komma in, se sitúa en Blackeberg, Estocolmo, y trata de la amistad (y posteriormente mucho más que amistad) entre Oskar, un chico de doce años taciturno y antisocial —víctima frecuente de los abusos de sus compañeros de escuela—, y una misteriosa vecinita nueva llamada Eli, cuyos extraños hábitos, como el de chupar sangre, intrigan y finalmente seducen a Oskar.

No piense el lector que estoy estropeando parte de la sorpresa de la historia al revelar que Eli es un vampiro; de eso nos damos cuenta desde las primeras páginas. No existe ingenuidad alguna en esta fascinante trama cuyas verdaderas sorpresas surgirán después, y cuyo fuerte es la manera de confrontar a los personajes en situaciones cada vez más imprevistas. La desbordada originalidad de este autor nos lleva a descubrir impactantes misterios cuando creíamos ya saberlo todo sobre este personaje de Eli, cuya naturaleza vampírica es la menor de las sorpresas.

A pesar de que recurre a los aspectos más clásicos del vampirismo —la transformación bestial, la capacidad de volar, el peligro de la luz del día, el no poder ingresar a un recinto a menos que sea invitado por uno de sus ocupantes (de ahí el título)— Lindqvist construye situaciones tan atípicas de la narrativa de vampiros que casi produce la sensación de que nos enfrentamos por primera vez a una historia de vampiros, jugando imaginativamente con las posibilidades del mito y alejándose con gran efectividad de los clichés.

El hecho de que esta novela sea etiquetada como narrativa de terror, no significa que el autor no logre explorar generosamente diversos aspectos de la condición humana, de las situaciones sociales en los suburbios de Estocolmo y temáticas en verdad incómodas cuyo tratamiento demuestra no solo la seriedad del autor, sino además su valentía. Al respecto, manifiesta el escritor costarricense Alexánder Obando:

Lo que es interesante de la novela de Lindqvist, además de que está muy bien escrita, es la cantidad de subgéneros y subtemas que hacen su aparición en el texto. La base es una historia de amor entre púberes, pero pronto entran en escena el misterio, el retrato psicológico, el comentario social, la trama policíaca y finalmente el horror. También entran los temas comunes a mucha literatura contemporánea: la soledad, la delincuencia juvenil, el alcoholismo y el abandono. Todo esto expresado en las variables vidas de unos doce personajes muy bien retratados. Es decir, no es una novelita de vampiros y listo, "vamonós". Hay comentario social y muy serio; tan serio que las versiones cinematográficas de la novela han dejado por fuera asuntos vitales en la obra original, como el alcoholismo, la pedofilia y la homosexualidad.

Por lo tanto, no es una novela para estómagos débiles, ni morales conservadoras. El marco ético que se maneja es relativo: no tenemos a un MALO o VILLANO vampiresco cuya necesaria eliminación vendrá de parte de un HÉROE o CAZAVAMPIROS virtuoso, representante de las fuerzas del bien; no. Lo que tenemos es un grupo de personajes, con tantos vicios como virtudes, con sus lados oscuros, sus visiones del mundo, sus desencantos y sus angustias, llevados a confrontarse trágicamente por circunstancias tan casuales e infortunadas como las que pueden llevarnos en la vida real a confrontarnos a otros seres humanos y ocupar alternativamente los papeles de héroes y villanos, aun sin haber querido elegirlos.

Como dije, no existe ingenuidad en esta novela que, siendo la primera del todavía joven escritor, sorprende por su madurez y la lúcida exposición de temas. Además de esta soberbia opera prima, Lindqvist publicó Hanteringen av odöda en 2005, y una colección de cuentos titulada Pappersväggar en 2006, cuyas versiones hispanas sigo esperando con ansia.

Recordemos este nombre: John Ajvide Lindqvist; yo sé que es complicado, pero vale la pena; promete cosas buenas.

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