diciembre 06, 2011

181. Amor y amistad

Mario Valverde M.
clip_image001Parece que entre el amor y la amistad, esta última es más fuerte por su fuerza invisible unida a la solidaridad; y el amor superior en la medida que el espíritu no permita su contacto físico del desgaste diario del compromiso, donde daría el salto hacia la amistad. Del amor, se dice, la belleza es su elemento esencial, que permite unir al objeto amado. ¿Qué lo une? Miles de posibilidades tira la naturaleza con tal de provocar la atracción: su fuerza (caso del amor de Desdémona con Otelo), la belleza pura (caso de Romeo y Julieta), su inteligencia o sus inteligencias (caso de B. Russell y su primera esposa Alys), la paz del otro, su armonía emocional, su locura, su atrevimiento, su soledad “me gustas cuando callas, porque estás como ausente” (P. Neruda), o simplemente una mirada o una sonrisa salida de la nada. Platón, en el diálogo del Banquete, nos refiere, en el nacimiento del amor, a dos personajes: Poro, semidiós, y Penia, una simple mortal; estaría el amor ubicado entre la pobreza y la riqueza, entre la sabiduría y la ignorancia.
La amistad busca de la esperanza, la solidaridad, la necesidad de compartir y conquistar el mundo. Por eso, un solo amigo o amiga, basta para conquistar la montaña de ideales (caso del Che y su amigo motorizado). En la amistad no importa la ausencia o la distancia. Si logras pasar las inclemencias de la juventud y la edad madura, podrías llegar, si cultivaste la amistad, a la desembocadura en paz con tus amigos y amigas. El amor, más frágil muchas veces, se queda tendido sin poder unir de nuevo los fuegos que lo unieron. La amistad tiende a unirse con el tiempo, para unir recuerdos, a pesar de ciertos quebrantos. Por supuesto, el amor en su belleza, en su impresión, no muere, queda dando vueltitas como los botes al pairo sin poder llegar jamás a la playa cercana.
Dejo un poema anónimo del siglo XIII:
“Las fuerzas que en mi encendieron\los más amores pasados\nunca apagarlos pudieron\las lágrimas que salieron\de los mis ojos cuitados\Mas no por poco llorar\que mis llantos muchos fueron\Mas no se pueden matar\los fuegos del buen amor\si de verdad se prendieron”.

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