diciembre 06, 2011

181. La familia Revueltas

Daniel Garro Sánchez

clip_image002 En esta ocasión, voy a referirme a una de las familias más distinguidas que ha habido para el mundo de las artes en suelo azteca: se trata de la familia Revueltas Sánchez.

Silvestre (1899 – 1940), el hermano mayor de un total de once, fue uno de los más brillantes compositores de música sinfónica en la historia no solo de México, sino también de Latinoamérica. Es el aut or de magníficas obras como Sensemayá y La Coronela, y música para las películas La Noche de los Mayas, ¡Vámonos con Pancho Villa!, Los de abajo, La bestia negra, El indio y El signo de la muerte, entre otras.

El segundo hermano, Fermín (1901 – 1935), que murió muy joven, a los 34 años, fue un destacado pintor estridentista, muralista, diseñador editorial, e ilustrador de revistas y panfletos, cuyo trabajo sigue irradiando después de tantas décadas a los jóvenes talentos mexicanos.

José (1914 – 1976) fue un escritor idealista y rebelde, autor de novelas, cuentos, ensayos y guiones cinematográficos. Muchos de sus ensayos son de carácter político; gran parte de su literatura trata sobre la Revolución Mexicana y estuvo en prisión en diversas ocasiones por su activismo político.

Rosaura (1909 – 1996) fue actriz, bailarina y guionista; actuó en cine, teatro y televisión en México, Cuba, Estados Unidos y Alemania. En 1954, en plena Guerra Fría, actuó en la película Salt of the Earth (La sal de la tierra), lo que le costó la deportación y el veto para actuar en México y Estados Unidos por ser acusada de comunista. Ganó varios premios, fue jueza en importantes festivales internacionales de cine y trabajó en el prestigioso Ensamble de Berlín de Bertolt Brecht (la única actriz mexicana que ha tenido ese privilegio).

La múltiple y variada labor artística de estos inquietos hermanos estuvo ligada siempre a grandes hechos históricos de carácter político, militar y social, desde la Revolución Mexicana con Silvestre y José, hasta el socialismo y la Guerra Fría con Rosaura. Pero más allá del valor puramente social e histórico, o de la simpatía ideológica (o la aversión, por qué no), hay que descubrir también el gigantesco valor artístico que por sí mismo posee el legado de la familia Revueltas.

Basta con escuchar, por ejemplo, La Coronela, de Silvestre, donde lo importante no solo es el hecho de que trate sobre la Revolución Mexicana, sino además el hecho mismo de la música, ¡esa grandiosa música!, temperamental y poderosa, evocativa y exquisita. O la estupenda Sensemayá, un viaje del que no queremos volver.

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