abril 26, 2012

192. La magia de la vieja metrópoli

Licda. Rose Marie Hernández Vargas

“La historia es testimonio,
luz de la verdad, vida de la memoria,
maestra de la vida,
anunciadora de lo por venir.”

Miguel de Cervantes

Antigua Casa
Los Troyo (Parque Jesús Jiménez)

Hoy hacemos un pequeño recorrió por Cartago, la antigua capital de la provincia de Costa Rica. Estamos conociendo un poco de esos tiempos lejanos de los cuales provienen nuestras raíces.

La fundación de la ciudad de Cartago por Juan Vázquez de Coronado, en el Valle del Guarco, se remonta al año 1575. Las ciudades se construían y se organizaban según el modelo típico de la las ciudades españolas fundadas en América por los conquistadores.

Esta era una ciudad especialmente geométrica donde las calles fueron rectas (trazadas con cordel) y los cuadrantes de igual longitud. En el centro se ubicaba la Plaza Mayor, alrededor de la cual se situaban las principales edificaciones: edificios civiles (como el cabildo), religioso y comercial. La Plaza Mayor era símbolo de la ideología de dominación. Alrededor de esta, se encontraban las casas de los españoles. Los más ilustres vecinos vivían frente a la plaza. Los de de menor rango y poder, lo hacían más lejos.
 
Esta plaza de antaño era un espacio urbano físico polvoroso y abierto donde se desenvolvía la vida de los cartagineses y se presentaban las actividades sociales, oficiales y religiosas. Ejemplos: la fiesta taurina, la celebración y los festejos de recibimiento a un nuevo gobernador, los festejos reales, las pompas fúnebres en luto oficial, las fiestas cívicas Agostinas.

Para el año 1575, comenzó el periodo colonial en Costa Rica. Poco antes, una ordenanza real había prohibido el uso de las palabras conquista y pacificación (al principio de la colonia se utilizaron como eufemismo con el significado de “dominar” a los aborígenes) para designar la incorporación de territorios, y se sustituyeron por poblamiento o colonización.

Las encomiendas cumplían dos funciones: para mano de obra y para la difusión del cristianismo entre los aborígenes. Recordemos que la iglesia católica participó en los procesos de conquista y colonización de América.

Desde el punto de vista demográfico, los años subsiguientes tuvieron gran importancia. A la muerte de Juan Vázquez de Coronado, fue nombrado gobernador Perafán de Ribera, quien estableció las encomiendas en el año 1969, repartiendo los aborígenes entre los españoles conquistadores. Esto se hizo con el beneplácito de los miembros del cabildo y de los religiosos del Convento de San Francisco. El reparto de los aborígenes entre los españoles fue un factor desintegración de las comunidades autóctonas. Los aborígenes sufrieron esclavitud, tratos inhumanos, trabajos forzados y la violación de sus costumbres y cosmovisión. Como resultado, la población indígena disminuye notablemente.

La iglesia contribuyó también en el cambio ideológico y cultural de los aborígenes. Esta institución asimismo destruyó los principios básicos de la sociedad indígena: suplantó unos cultos por otros, impuso la confesión, la noción de pecado y transformó su calendarización. El catolicismo influyó en la mentalidad, la vida cotidiana y el arte de los colonos de Cartago. Se enfatizo en la edificación de ermitas o templos y el arte se mantenía al servicio de la iglesia.

La mayoría de los suelos se destinaba a la agricultura en forma de chacra o predios de terreno cercanos a la casa de habitación.

León Fernández afirma: “...no se acostumbra aquí el arado, ni otros utensilios para la labor del campo, que hacha, machete, macana y pala…no se hacen ni pueden hacerse abundantes siembras de los frutos de que es susceptible, todos hacen sementeras de lo que han menester para el sustento de sus familias”. (León Fernández Bonilla, Historia de Costa Rica, p. 290).

El historiador Carlos Monge nos cuenta: “Los vecinos viven en extrema pobreza, en casas que con cualquier rocío se mojan quienes las habitan…y la plaza tan cubierta de yerba que sirve a los forasteros de potrero para apacentar caballos… tal población no parece ciudad de españoles sino estancia despoblada.” (Carlos Monge Alfaro. Historia de Costa Rica, p. 127).

La ciudad de Cartago fue evolucionando, adoptando una actitud aristocrática y conservadora que ha caracterizado a los habitantes de esta ciudad.

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