mayo 10, 2012

194. Los siete mayores mitos sobre la música sinfónica



Daniel Garro Sánchez

       Como todo fenómeno cuyas fronteras hayan sido trazadas en cierta medida por la sociedad, y en particular por aquellos ajenos al fenómeno y que por lo tanto no lo comprenden, la música sinfónica y el acto de escuchar música sinfónica no está exento de mitos que varían de lo chistoso a lo desesperante, y que en cierto modo reflejan parte de las frustraciones de los autores y creyentes de estos mitos. Sin ánimo de ofender, y con la mejor intención de ayudar a otros a superar sus frustraciones, y además contribuir con nuestra sociedad, he aquí los mayores mitos (por no llamarles prejuicios) con los que me he topado en mi calidad de fiel seguidor de la música sinfónica, clásica, académica, o como prefiera el lector llamarla:

  1. Solo es escuchada por gente de plata: en primer lugar, en Costa Rica, desde principios del siglo XX, la población alfabetizada, e incluso con estudios superiores, se ha independizado del estatus económico. Asumiendo que para escuchar música sinfónica haya que poseer un cierto nivel educativo, este es independiente de la posición económica de la persona, dando por resultado que haya seguidores de la música sinfónica en todas las clases sociales. Y en segundo lugar, aquí en Costa Rica es más costosa una entrada para un partido del clásico Saprissa vs. La Liga, que para un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional; así que háganme el favor.
  2. Solo es escuchada por gente muy culta: ¡falso! Aquí en nuestro país, y al menos en esta época, hábitos como leer o escuchar música sinfónica son impulsados más por el entorno familiar que por el sistema educativo. Es muy frecuente hallar a estudiantes universitarios y profesionales que no poseen ni el hábito de leer ni el de escuchar música sinfónica; así como personas sin estudios superiores (y a veces ni los de secundaria) que sí poseen estos hábitos.
  3. Solo es escuchada por viejitos: el que haya visto y escuchado a la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar de Venezuela, o a Gustavo Dudamel, o al menos a la Sinfónica Juvenil de Costa Rica, sabrá lo absolutamente falso de tal afirmación; y también lo sabrán quienes hayan ido a los conciertos de Iron Maiden, Metallica, Judas Priest, Alan Parsons Project y demás excelentes grupos cuyas carreras acumulan décadas, y cuyo público reúne a personas de todas las edades y condiciones. Uno se enamora a cualquier edad.
  4. Solo es escuchada por amargados: en cierta ocasión, alguien me dijo lo siguiente: “Oye, ¿por qué escuchas esa música tan triste y aburrida? ¿Por qué no oyes música alegre, que te suba el ánimo?” Yo le respondí: “Primero, esta música no es toda triste ni aburrida en su conjunto; eso lo dices tú porque no la conoces. Y segundo: a mí me levanta el ánimo escuchar la música que me guste; si me pones música que no me agrade, por más alegre que sea, no me va a hacer feliz”. Aquí actúa el mismo prejuicio de la gente que piensa que porque uno no grita ni salta de la emoción al leer un libro, o al escuchar música suave, entonces no es tan emocionante como un partido de futbol. La emoción de un partido de futbol es inmediata y efímera como una noche de sexo; las emociones que ofrecen la lectura y la música sinfónica son como haber encontrado al amor de tu vida. Y además, yo sí he brincado y gritado y hasta llorado por la emoción durante un concierto sinfónico; ¿quién dice que no se puede?
  5. Solo es escuchada por juega’e vivos: por todo lo anteriormente expuesto, espero que ya no haga falta decirle al lector por qué esta afirmación también es falsa. Que hay juega’e vivos que utilizan su afición (o supuesta afición) a esta música para humillar a otros, los hay; pero detrás de esta molestia se esconde un complejo de inferioridad con el que hay que tener mucho cuidado. Desacreditar a los oyentes de música sinfónica porque juegan de vivos, es tan patético como los anuncios del “Tome chichí” de El Verdugo. Jugar de vivo por ser oyente de música sinfónica es tan ridículo como jugar de vivo por andar un teléfono celular; pero acusar a alguien de jugar de vivo por andar un teléfono celular, es igualmente ridículo.
  6. Solo es escuchada para dormir, relajarse, meditar, u otras pendejadas similares: hay gente que lo hace, desde luego; pero el verdadero aficionado y conocedor de esta música, simplemente... no.
  7. Y el peor mito de todos: Richard Clayderman es música sinfónica. ¡Noooo! ¡Por amor a Jesucristo! ¡No! ¡No lo es! ¡Y punto!

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