mayo 28, 2012

196. Esa disciplina llamada ÉTICA



Mario Valverde M.

El hombre y la mujer son los únicos seres vivos capaces de construirse unas normas para un buen vivir. Esas reglas es posible que estén escritas, pero también pueden ser acuerdos, pactos sociales. El mismo amor aunque en un principio es un asunto unido a la belleza, pero no más se empieza la relación entran en juego las propuestas éticas del compromiso, la fidelidad, la solidaridad para el cuido de hijos e hijas. No hay duda que la desunión amorosa se debe a incumplimientos de los pactado, y así con todo donde media la interacción humana.

Por otra parte, podemos hablar de éticas metafísicas construidas más allá de nuestra posibilidades, como en el tema de las normas religiosas, donde el común denominador es un SER (llámese dios) que revela, guía los pasos por seguir (diez mandamientos), y los que aceptan tales guías simplemente lo hacen por una acto de fe. Jamás podría decir léase el XI mandamiento “no estorbar”, si he aceptado la propuesta religiosa. Son diez y punto.
A veces, con ese tema nos complicamos, nos refugiamos y por lo general, principios y praxis no van de la mano. Lo mejor, como B. Russell en su Autobiografía, es construirse una definición sencilla para la acción: “…yo más bien consideraría el verdadero método de la ética como inferencia de hechos empíricamente comprobados”. Es decir, una ética basada en inferencias sacadas de las experiencias morales, inmediatas, es decir, debo o no condenar la guerra; si existen las injusticias, debo esperar el milagro o debo actuar en grupo o en forma individual. Sartre lo llamaba la responsabilidad salida de mi propia libertad profunda, sincera; lo otro es aceptar que alguien del más allá vendrá a solucionar el problema humano de lo cotidiano, del cual, o hacemos las inferencias para sus soluciones o juzgamiento, o simplemente tomamos una posición neutra. Ahí dejó el problema para que el lector haga su propia inferencia.

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