junio 12, 2012

198. Una noche de acción de dos escritores


Daniel Garro Sánchez

      El pasado viernes fui al cine con un colega escritor, y después de la tanda fui a dejarlo a su casa. Durante el trayecto comentamos y en cierta forma continuamos un enardecido y emocionante debate que tenía ya días de causar polémica en Facebook (e incluso más allá) sobre si es necesario o no haber leído en abundancia para ser un buen escritor. Llegamos a la casa de mi amigo, estacioné frente a su cochera, y el debate llegó al subtema de la crítica literaria en Costa Rica.
      De pronto, justamente cuando ya empezábamos a hablar de física cuántica, metafísica, percepción extrasensorial y la Ley de la Relatividad aplicada a la teología (desde una perspectiva marxista), una chica se asomó por la ventanilla del auto y nos dijo: "¡Muchachos, ayúdenme! ¡Un tipo me está persiguiendo!"
      Dejamos subir a la dama en peligro (que era bastante atractiva, por cierto), y puse en marcha el auto, justamente cuando apareció un grupo de motociclistas armados con AK-47 que abrieron fuego contra nosotros. El portón de la cochera de mi amigo quedó agujereado, al igual que la cajuela de mi auto. Escapamos hacia la calle principal de San Francisco de Dos Ríos, donde hice un rápido giro para que las motos chocaran contra el costado del auto. Uno de los tipos salió volando y cayó a varios metros de distancia; otro se deslizó en el pavimento y quedó atrapado bajo el auto. Solo uno de los motociclistas logró evadir la maniobra.
      Puse el auto en movimiento otra vez, aplastando la cabeza del tipo que había quedado debajo del auto, y escapé en dirección a la zona de los moteles. El motociclista sobreviviente nos persiguió, disparando. Entonces nos metimos en uno de los moteles, para evadirlo, y esperamos allí dentro, en una de las habitaciones, con la chica...
      Ella resultó ser estudiante de biología, y después de tratar varios "otros temas" con ella, nos ayudó a resolver la cuestión de la crítica literaria, aplicando las teorías de Darwin…
      Bueno, en este punto, el lector habrá concluido que parte de la historia es ficticia, y lamentablemente estará en lo correcto. La verdad es que cuando la dama en peligro abordó nuestro vehículo, simplemente la llevamos a un lugar seguro donde podría conseguir un taxi… y fin de la aventura.
      Pero, ¿quién dice que los escritores no podemos ser también héroes de acción?

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