julio 26, 2012

204. Miguel Hernández: Una voz para Europa


Mario Valverde M.
La crisis de Europa no solo es una crisis económica, que se resuelve con millones de euros para poner a trabajar la maquinaria de la producción. Pasa por toda una cultura política de la globalización de los nuevos banqueros y ejecutivos que quieren vivir como reyes (extrañas figuras que todavía sobreviven en el continente de mayor acumulación de conocimientos). Vivir con todos los lujos a costa de un sacrificado pueblo que empieza a darse cuenta del robo de su inocencia. Vivía Europa en una burbuja falsa, vivía con tarjetas plásticas, se convirtió en un territorio plástico, donde casi todo lo deben, donde tenían hipotecado una o dos generaciones. Pero también sabemos que las guerras más crueles y salvajes han nacido en el continente cuna del nacimiento de la racionalidad de la filosofía griega y paso siguiente al desarrollo de las ciencias y las artes en su máxima expresión. Y me parece que cosas muy peligrosas se mueven en el fondo. Extremismos y nacionalismos, odios, rabias, angustias de tener un estilo de vida, exilios en busca de lo que siempre tuvieron: trabajo y bienestar. No quisiéramos escuchar la voz de Miguel Hernández: “Sangre, sangre por árboles y suelos / sangre por aguas, sangre por paredes / y un temor de que España se desplome / del peso de la sangre que moja entre sus redes / hasta el pan que se come.”
Europa no está quieta. Ayer fue Grecia, Irlanda, Italia, Portugal. Nadie creía que llegaría la marea a España con 14 millones de desocupados, con jóvenes de 27 años que nunca han trabajado, que viven con sus padres agotando sus recursos. Profesionales que deambulan uno y otro día. La crisis le ha llegado a todos y todas. Y si España cae, Europa toda se va a estremecer y ya sabemos de lo que es capaz Europa cuando le mueven el piso y le socaban su racionalidad. Parece que resuenan aquellos otros versos de Miguel Hernández ¡Ay España de mi vida / ay España de mi muerte”. Nadie quisiera escuchar los tambores de la guerra y la desolación. Creo que la rabia debe trasladarse a la ética, a encarcelar, como en Islandia, a los banqueros, a los corruptos (en su mayoría políticos). De esas anárquicas reuniones de los indignados del mundo, debe nacer una nueva forma de organizar el estado…ese Estado carcomido por el pus de los dirigentes neo-liberales que jamás miraron al pueblo, sino para pedirles consumo y más consumo.

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