abril 30, 2013

220. Las preguntas del amor


Mario Valverde M.

¿A cada segundo del amor inicial se gasta el deseo o no? ¿Con el tiempo hacia adelante nos quedamos con imágenes del amor que ya no existen, sólo para seguir viviendo del pegamento del amor? ¿Si no existiera el amor hacia atrás, los recuerdos, que por cierto, también se desvanecen, podríamos seguir reconociendo nuestro amor? ¿Sustituye la costumbre, el hábito y el compromiso al sello del amor? ¿Va el amor relacionado con la evolución pura del deseo y la belleza? Es decir, ¿por qué el primer amor de infancia o adolescencia es tan fuerte y por qué la imagen de esa experiencia se imprime tan fuerte? ¿Acaso la pureza del sentimiento golpea con mayor fuerza la galaxia-mente? 0, ¿será porque esa imagen no tiene contacto físico ni compromiso ético y será acaso que el compromiso ético y el contacto físico es el que desgasta al amor? ¿Nos vemos realmente igual como si fuera el primer día o simplemente nos mantenemos con la primera construcción de una imagen como especie de llama viva que no muere hasta que muere el amor o la persona física? Y la pregunta más grande, ¿para qué existe el Amor? No el porqué, su causa, sino el PARA QUÉ. ¿Y todo ese truco, nos viene por la evolución de lo animal a lo humano racional y su salto a la exaltación del arte? O finalizo, ¿alguien lo planeó así, especie de arquetipo platónico?  Lo cierto es que existe y sin el amor seríamos como piedras frías y lo cierto es que el amor duele en el recuerdo. Y lo cierto es que el amor mueve toda la galaxia de nuestros cien millones de neuronas. Pero mejor me detengo y dejó la explicación a los poetas. En este caso, al amor de adolescencia de Pablo Neruda.
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Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

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